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sábado, febrero 16, 2008

Actos de Fe

Así lucía Sloterdijk Ámsterdam, en mi primer día

Le puse este título a este post, porque me gusta, no creo que tenga mucho que ver con el texto, aunque pensándolo bien si. Así de ambiguo pueden llegar a ser las cosas en estos tiempos.

Desde Octubre del año pasado, mi vida ha venido cambiando de manera muy radical, sin que esto haya tenido que ver con algún plan preconcebido. El reacomodo a las nuevas opciones que se me han ido presentando, me ha absorbido mucho, quitándome tiempo, y como pudieron haberse dado cuenta, obligándome a abandonar, aunque no del todo, a este “Peor en Nada”.

No les voy a contar los detalles, no quisiera aburrirlos, pero si les diré que efectivamente esta situación me ha fortalecido de manera evidente, yo lo siento así, los que están cerca de mi han sido muy importantes en el soporte ante esta gran revolución, María, Andrés y Daniel, siempre sonrieron y pusieron toda su confianza en mi, mientras yo me despedía con mucha tristeza de un montón de ilusiones y abandonaba la gran sensación de confort que da la seguridad de lo establecido. Mi hermano Mario, siempre empujándome al optimismo. Mis grandes amigos, los encontrados en estas tierras, fueron otro apoyo incondicional, no los voy a nombrar, ellos saben quienes son y lo importantes que son para nosotros.

Pero siempre, por muy terrible que las cosas parezcan, lo que ocurre, siempre termina siendo lo mejor. La vida se desarma en un rato, y es nuestra obligación rearmarla, casi siempre tardamos un poco más, pero finalmente terminamos haciéndolo mucho mejor y con la experiencia capitalizada.

No pretendo escribir un post de autoayuda, pero es cierto que hay que convertir los reveses en oportunidades, en este caso yo lo he hecho así.

Así que, desde hace dos semanas, estoy viviendo mi gran nueva aventura, para hacerlo, me toca ir a Ámsterdam todos los días en tren, un poco mas de una hora, pero es un viaje muy interesante y diferente cada día. Así que todas las mañanas muy temprano, me dirijo todo emperifollado y perfumadito a esa gran ciudad, ¿saben para que? Pues si, voy a mi nuevo trabajo. ¿Hablábamos de cambios? Pues bueno en eso yo me estoy convirtiendo en todo un experto. Pues después de haber estado separado de mi carrera de computación por muchos años, ahora y contra todo pronóstico, he empezado a trabajar en una empresa muy importante que se dedica a eso mismo. Les confieso que esto de reencontrarme con mi profesión, que tantas alegrías me había dado, me resulta muy estimulante, además de ser un gran reto. Con mucha alegría descubro día a día, que la experiencia y el conocimiento que se encontraban en estado catatónico adormiladas en alguna parte de mi cerebro, empiezan a aflorar, dejando en evidencia al computista que hibernaba en mi. Releo esto y me suena muy divertido.

Ahora como todo un muchacho recién graduado, luzco orgulloso el carné magnético, que me permite el acceso al edificio de esta gran empresa, dejando ver una gran sonrisa en mi foto.

Y así después de un montón de años de absoluta entropía horaria, me encuentro cumpliendo agenda, llegando temprano y haciendo esas cosas que hace la gente normal, ¡Por fin! Todo esto, aunque no me lo crean, me resulta muy estimulante y sobre todo muy rejuvenecedor. Esto de estar todo el día entre sistemas, software, redes, aplicaciones, virus informáticos, actualizaciones y upgrades, usuarios satisfechos, usuarios fastidiosos, me hace sentir que nuevamente me encuentro en mi elemento, y que hablo ese lenguaje tan especial, que se me había empezado a olvidar.

Además el hecho de estar rodeado de gente muy joven, le da a todo esto un matiz muy especial, en el ambiente se respira un mundo de energía, e ímpetu por la vida, que de manera inmediata se me contagia, llenándome de alegría, hay muchas sonrisas, muchos jeans, mucha creatividad e irreverencia, y a mi todo esto me encanta y corrobora que siempre seremos el reflejo de lo que fuimos de jóvenes, no importa la edad que tengamos.

Este martes, al fin me quitaron el yeso, día a día reaprendo a usar el brazo, duele, duele mucho, pero por lo menos puedo escribir, y desplazarme contento, todos los días a mi trabajo. ¡La vida es bella!

viernes, febrero 01, 2008

Soy yo otra vez


Aprovecho este post para agradecer profundamente a mis siete fieles lectores, y también a los otros seres increíbles que han pasado por aquí y se han solidarizado conmigo por el accidente que tuve, ustedes son lo máximo y me han hecho sentir muy acompañado, influyendo esto de manera importante en mi notable mejoría.

Les contaré lo que me pasó, morbo aparte, aunque les confieso, fue duro, pero al final, la sucesión de eventos que ocurrieron después del accidente, hicieron que me reconciliara inmediatamente y de manera muy especial con la vida, eso me ha alegrado mucho y lo agradezco profundamente.

El sábado 12 de enero el trabajo en el restaurante estuvo particularmente fuerte, terminamos como a la media noche, y nos quedamos un rato comiendo unas cositas, y compartiendo un ratico. Luego, con ganas de descansar, me despedí de todos, me calcé los audífonos, el casco y los guantes, me abrigué bien el pescuezo y emprendí en la moto, el viaje de quince minutos que separan el restaurante de mi casa.

Todo iba perfecto, conducía tranquilo y concentrado por una carretera exclusiva para bicicletas y motos, en el ipod sonaba “Since I've Been Loving You” de Led Zeppelling, creo que esto no lo olvidaré nunca. Era tarde y no había nadie por esa carretera un poco perdida de la mano de Dios, cuando a lo lejos y en sentido contrario, vi que venían unos cuatro zagaletones en bicicleta, sin luces y echando broma, cuando nos cruzamos, se metieron conmigo, no les hice caso, y al cabo de un kilómetro, me encontré de frente con una verja, que había sido colocada estratégicamente por alguien en todo el medio de la vía, saben, como una gracia, estaba muy oscuro y no la vi, (esto me empieza a sonar a la cancioncita aquella que todos conocemos, porque se fue y porque murió, porque el señor se la llevó…), pero bueno, ya era muy tarde, no pude frenar y choqué de frente con la reja, dándome la gran castaña de mi vida, cayendo aparatosamente sobre mi brazo derecho, así que irremediablemente me escoñeté el codo, o sea me lo disloqué, fractura incluida, pero la verdad es que esto pudo haber sido mucho peor, pues con el casco y mi cabeza dentro de él, le metí un gran matracazo al piso, haciendo que rebotara, fue impresionante, aún así todo lo que iba dentro del casco permanece de una sola pieza, bueno por lo menos hasta ahora eso parece. El sonido del golpe del casco en el piso aún retumba en mis oídos y me cuesta mucho sacarlo de mi memoria.

En el piso yací un rato muy aturdido, tomé conciencia del gran dolor que tenía en el brazo derecho, me senté y sentí una gran claustrofobia que hizo que me sacara el casco de un tirón, logré reincorporarme a la vez que me sostenía el brazo, vi a la derecha, luego a la izquierda y me di cuenta de que me iba a tener que valer solo, pues no había nadie que me pudiera ayudar, metí la mano en el bolsillo buscando el celular, pero les confieso que el dolor, el frío y los nervios impedían que atinara a marcar el número de emergencias o el de María del Valle, me regañé por no tener control de la situación y mientras discutía conmigo mismo, justificando que los eventos no me dejaba resolver el problema, llegaron los primeros ángeles de la guarda, pues de la nada aparecieron tres bicicletas, una familia, la señora, el señor y una niña, hay que tomar en cuenta que era la una y media de la madrugada, al verme inmediatamente se detuvieron, el señor mientras me calmaba, llamaba a emergencias, explicándole muy bien la ubicación donde nos encontrábamos y pidiéndoles encarecidamente que se apuraran pues el dolor que yo tenía era muy fuerte, luego un poco mas tranquilo pude llamar a María y echarle el cuento.

Los segundos ángeles de la guarda fueron los de la ambulancia, allí me entregué con confianza y empecé a relajarme, pues su profesionalismo y buen sentido del humor hizo que me sintiera muy seguro y tranquilo.

Una vez en el hospital, aunque siempre estuve rodeado de muy buenos profesionales con muy buena actitud y paciencia, fue donde empezó el verdadero tormento, pues después de las radiografías de rigor, me dicen que tengo el codo dislocado y fracturado, así que cuatro personas, entre médicos y enfermeras, lucharon por mas de dos horas para ponerme el codo en su sitio, sin lograrlo, durante este procedimiento, me aplicaron morfina dos veces (les confieso que no me dio nada de nota), luego me pusieron dos inyecciones de anestesia con unas inyectadoras gigantes de las que usan para los caballos, pero aún así y para mi desgracia no hubo éxito, el codo se negó empecinadamente a volver a su lugar.

Pues nada, el paso siguiente era la cirugía, así que al rato se aparece muy sonriente el cirujano, vio las radiografías, allí mismo trató de poner el hueso en su sitio pero no pudo, así que me llevaron al quirófano, y yo como un santo, no decía nada, pero se me debe haber notado la cara de asustado, pues el médico, espontáneamente me dijo que me quedara tranquilo, te trajimos al quirófano porque aquí tenemos una máquina especial de rayos x, que permite ver todo en directo, así que lo mas seguro es que dentro de un rato estemos listos.

Pues bueno así fue, me ponen el codo en la máquina, y el doctor viendo el monitor, me abre un poco el brazo, me gira un poco la muñeca y “CLICK”, todo cayó en su sitio, yeso de emergencia, nuevas radiografías para comprobar que todo estuviera bien, y así fue, ese día hospitalizado y en la tarde para la casa.

El médico me dijo que me quería ver en cinco o seis días, para revisar el progreso, al visitarlo me mando a hacer una resonancia magnética, pues había unos pedacitos de hueso roto que podían molestar, hasta el punto de tener que operar, pero al ver los resultados me dijo que todo estaba en su sitio y no hacía falta la operación.

Esa es la historia de este accidente, que me ha hecho entender que aunque todo vaya muy bien, la vida puede dar un vuelco inesperado en un solo minuto, complicando de manera importante las cosas, y si no asumimos estos eventos con buena actitud y sobre todo buen humor, podemos pasarla mucho peor.

Hay un montón de anécdotas alrededor de este evento, pero no quiero aturdirlos con tanto cuento. Ayer me cambiaron el yeso y me pusieron uno nuevo con una bisagra, para que empiece a movilizar el codo, este lo debo tener por quince días, pero ayer si se pudo apreciar la gran mejoría que he tenido.

Muy sinceramente les agradezco a todos ustedes por haber estado tan pendientes de mi, sus comentarios fueron muy inspiradores y motivo importante para mi recuperación.