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viernes, 14 de noviembre de 2008

Eduardo Mendoza, un gran escritor

“Impedido por su defecto físico de trabar amistad con los que habían sido sus compañeros de estudios, vivía en una soledad casi absoluta, Lo único que tenía en este mundo era Paris. Al llegar huidos de Barcelona su madre y él, Paris le había parecido una ciudad hostil y sus habitantes poco menos que fieras salvajes. Luego sin proponérselo se había habituado gradualmente a todo y había acabado amando con locura, con verdadera pasión aquella ciudad. Ahora toda su dicha era Paris, pasear por las calles, sentarse en las plazas, deambular por los barrios y los jardines, mirar la gente, la luz, las casas y el río. A veces en el transcurso de uno de estos paseos se detenía de pronto sin saber por qué motivo en una esquina y miraba a su alrededor como si viera a todo aquello, que conocía palmo a palmo, por primera vez; entonces le embargaba una emoción tan intensa que no podía impedir que las lágrimas acudieran a sus ojos. Si llovía cerraba el paraguas para dejarse calar por la lluvia de Paris. Entonces su imagen anónima y contrahecha, sacudida por el llanto y empapada por la lluvia en una esquina partía el alma de los transeúntes, que ignoraban que en realidad lloraba de felicidad”.

Si alguien que lea esto no se emociona, es porqué tiene la sangre de horchata, este texto es una muestra de la maravilla que algunos son capaces de escribir, es poesía y sentimiento profundo, escrito de una manera tan cautivadora que es imposible no quedar prendado con su lectura. Si yo fuera escritor me gustaría escribir así, sencillo pero intenso, con pasión pero diáfano, bonito y profundo. Hablo de un libro, que está lleno de parajes similares al trascrito mas arriba, y aunque es una novela, es muy emocionante e invita a la comparación con la realidad, pues que mas es la vida, sino una novela.

Lo extraño es que este libro no lo compró nadie en casa, simplemente apareció de la nada en la biblioteca, junto a los nuestros, desde hace tiempo se empeñaba en mostrarse, como si tuviera vida propia vibraba llamando la atención, se ponía delante de mis ojos invitándome a leerlo, varias veces lo hojee, intentando buscar algo que me atrapara, pero siempre que lo hacía, me encontraba leyendo algún libro o tenía algún otro en mente para empezar a leerlo. Así que su lectura se pospuso hasta hace algunos días, donde nuevamente se dejó ver en el entrepaño, al lado de los otros libros con las carátulas mas llamativas.

Este es un libro muy especial, que desde su misma primera página, logró absorber mi total atención, atrapándome en su historia riquísima y envolvente, estoy tan emocionado con su lectura, que lo hago lento, como si me estuviera bebiendo un buen vino y me encontrara en la concentración que requiere una cata perfecta, descubriendo la madera y el cuero, el caramelo y el amizcle, la menta y el musgo en sus letras, es que no quiero que se termine y vaya yo a quedar con ganas de mas.

En mi trabajo me relaciono a diario con compañeros y usuarios en España e Italia principalmente, y como termina ocurriendo, cuando se dan las condiciones, después de hablar de trabajo, terminamos hablando de cualquier cosa. El otro día, no tenía porque ser diferente, y después de un ¿Qué tal el clima en Holanda? Y de proferir yo todas las maldiciones pertinentes, pues al hablar del clima holandés, siempre salen a relucir improperios y malas palabras, Jordi y yo entablamos una conversación animadísima y de nivel, donde mezclábamos cotilleo y temas edificantes, así que nos contamos particularidades de nuestras familias, hablamos de política, de economía, de nuestro ambiente de trabajo, todos se parecen un poco, no importa en que país estés, luego que si el Windows Vista y todo aquello de Troyanos y Gusanos, la fotografía digital y terminamos hablando de hobbies.

Así me contó que a el le gusta la música mucho, hace recopilaciones, remasterizaciones, depuraciones de discos de acetato y un montón de cosas interesantísimas. Amigo Emilio, intervine, ahora yo tengo tan poco tiempo que he tenido que olvidarme casi totalmente de mis actividades lúdicas, el poco tiempo tengo lo uso para leer, cosa que ha hecho que haya aumentado mi media de libros leídos por espacio de tiempo, ahora por ejemplo, me estoy leyendo un libro increíble que me tiene embobado, imagínate que no quisiera ni terminar de leerlo, me gusta tanto que quisiera que fuera como una historia sin fin, y que pudiera estar leyéndolo siempre. ¿Y que libro será ese que te tiene así? Preguntó curioso. Imagínate Jordi que lo escribió un paisano tuyo, barcelonés, el libro se llama La Ciudad de los Prodigios. Si claro, interrumpió es Eduardo Mendoza, con tono casi familiar. Intervine para decirle que su calidad como escritor, ha hecho que se gane mi admiración, apreciaba su arte y su gran sensibilidad. Lo conozco, lo conozco, dijo atropellándome un poco con sus palabras. Me imagino, en Barcelona, es mas en toda Cataluña debe ser muy famoso, todos leerán sus libros. No, me dijo riendo, lo conozco porque es vecino mío, vivimos cerca, es mas hemos tomado café juntos en un sitio muy agradable cerca del vecindario, a veces coincido con el en el tren. Yo no lo podía creer, me parecía una cosa tan increíble que Jordi, tuviera contacto con Eduardo Mendoza. Jordi, cuando lo veas de nuevo, por favor hazle saber de la admiración y el respeto de un Venezolano en Holanda.

Pasaron unos días y sin ton ni son, Jordi me hizo una llamada a mi celular, no pude responder la llamada, y me dejó un mensaje que me llenó de emoción, decía así: El otro día me tomé un café con Eduardo y recordé lo que me pediste, le dije en Holanda hay un amigo Venezolano que me pidió que si algún día te veía, te trasmitiera su admiración y el quedó muy complacido, así como me imagino que habrás quedado tú. Un abrazo.