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miércoles, agosto 29, 2007

Los patitos emigran

En 1992, hace ya quince años, un buque procedente de China, naufragó en el medio del océano Pacífico, dejando libre su carga de 29.000 patitos de goma, de los amarillos de toda la vida, de los que flotan para que los niños y los que ya no lo son tanto, jueguen en las bañeras y que ha sido ya representado por varios artistas plásticos en algunas de sus obras, como el holandés Florentijn Hofman.

El caso, es que como muchos ya saben, los patitos como flotan, y aparentemente estos hasta saben nadar, le han dado la vuelta al mundo, tanta ha sido la fama de las benditas aves palmípedas derivadas del petróleo y perdidas en el mar, que hasta fueron protagonistas de un comercial de automóviles hace varios años.

Los patitos salieron de Hong Kong y después del naufragio en el Pacífico de la nave que los transportaba, quedaron a merced de los caprichos de las corrientes marinas, separándose en dos grupos, uno de 19.000 patitos, que se desplazaron hacia Suramérica, Australia e Indonesia y el segundo grupo de 10.000 que prefirió viajar por aguas mas frías, se dirigieron hacia el norte del pacífico, luego pasaron al Ártico, entre Canadá y el Polo Norte, para luego bajar a Estados Unidos, pasar por el Golfo de México y encaminarse hacia Europa, dejándoles a los científicos que se ocupan de estas cosas, una gran cantidad de información referente al movimiento de los mares.

Si por casualidad, alguno de ustedes se llega a encontrar uno de estos patitos amarillos de goma todo destartalado por tener quince años flotando en el mar, no se deshaga de él, la empresa que los fabrica ofrece 100 dólares por cada uno, aunque ya en internet se están llegando a cotizar en 1500 euros, lo que definitivamente puede llegar a ser mucho mas interesante. Yo por si acaso, cada vez que puedo le echo una miradita al mar, quien quita y tal vez tenga suerte.

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domingo, agosto 26, 2007

Si se va la luz, hervimos el agua

Ayer tuve la oportunidad de compartir con un grupete de buenos amigos, el cumpleaños de las niñas más encantadoras de Holanda, Johanna y Orihanna, las hijas de mis amigos Alejandra y Juan Carlos del blog Pasándola en Holanda, yo me siento muy cómodo en esta casa, me siento como en la mía, y es que estos dos tercios son de lo mejor que nos ha dado Holanda.

La pasamos buenísimo, claro, es natural, con lo buenos anfitriones que son, no hay otra posibilidad. Además, entre otras cosas, nos deleitamos con una ensalada magistral de la mano de la mamá de Alejandra, que pasa una temporadita por aquí en Holanda. ¡Que rico es cuando se está entre amigos! ¡Que amigos! ¡Familia quiero decir!

Y de esta gran familia que hemos construido en este país que nos adopta como propios, también estaba en esta reunión la estupenda Waiting, que tiene un romance tórrido y complejo con mi vástago Daniel. Claro está, después de asistir a un torneo de Golf, vino raudo a ver a su Waiting, como es natural er pisha de Caí, que es todo un personaje digno de ser conocido por su esplendidez y don de gente.

Fue un sábado reunidos en familia, hablando bien de los demás, comiendo bastante, y disfrutando mucho. Imagínense si la pasamos bien, que hasta bebimos unos culines de sidra natural que nos trajimos de Asturias! Escanciada por este servidor, que estaba buenísima.

Viendo a mi amiga Waiting, con su melena negrísima, perfectamente cuidada, voluminosa, brillante, vaporosa, no pude evitar acercarme a ella y después de admirar esta exquisitez, preguntarle como hacía para tener siempre el cabello tan impecable y espectacular. Ella me respondió: Miguel, yo solamente dejo mi cabello en las manos profesionales y expertísimas de Apolinar y su hija del SALÓN BELKYS.

Y recuerde: “Si se va la luz, hervimos el agua”.

No deje de hacer clik aquí para ver el video del Salón Belkys.

Fotos en la próxima actualización, me voy corriendo a pintar el restaurante.

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jueves, agosto 23, 2007

Home again

Hace algunos días volví de mis vacaciones en España con toda la familia, la pasamos muy bien, descansamos, nos cansamos, disfrutamos del sol, nos reímos, nos reencontramos con familiares y amigos, caminamos mas que unos perdidos, conocimos sitios distintos, comimos muuucho y muy rico, pasamos un poco de calor, paseamos un montón, bebimos bastante sidra natural y vinos ricos, y muchas cosas más.


Estuvimos en la playa San Lorenzo de Gijón y en otras de Asturias, o sea del Mar Cantábrico, donde las aguas son endemoniadamente frías, ni mi esposa ni yo asomamos un pié al agua, pero Andrés y Daniel, no salían de ella, las pocas veces que lo hacían, se sacudían, se secaban, se calentaban un poco al sol, se tomaban algo y arrancaban otra vez, claro, con la edad de ellos, sobra energía para contrarrestar la baja temperatura del agua, pero en nuestro caso no quisimos correr con el riesgo de tener que llamar a una ambulancia para que nos hospitalizaran víctimas de una severa hipotermia.

Paseamos muchísimo por Asturias, disfrutamos sin límites de sus paisajes de infinita belleza, visitamos el santuario de la Santina o la Virgen de Covadonga, en plena montaña, donde recordé a mi amiga Rosalía de Imagina, estuvimos en los Picos de Europa, fuimos a unas playas recónditas bellas y sin gente, rodamos muchos kilómetros por las estupendas carreteritas del interior de la provincia, apreciando las diferentes tonalidades de los verdes irrepetibles que hay en las montañas, paseamos por algunos de los pueblitos de las afueras de las ciudades, que es donde mejor se come y la pasamos bomba aumentando considerablemente los niveles de colesterol, triglicéridos y azúcar en nuestra sangre, además de hacer lo propio con nuestra masa corporal, pero no importa, pues bien vale la pena el sacrificio de la figura por el disfrute de cosas tan apetecibles.


Una cosa que me encanta de ir a España es poder hacer las cosas en mi propio idioma, cotorrear un poco con algún vecino o dueño de tienda, cosa que hice con frecuencia, pues lo disfruto mucho; me encanta entender la totalidad de las cosas que se hablan a mi alrededor, pues donde vivo, aunque aprendas holandés, es muy fácil perder el hilo de una conversación si no te concentras en ella, pues el idioma es difícil y enrevesado. Es muy gratificante también comprar el periódico en español, que aunque entiendas el idioma perfectamente, igual no entiendes las locuras políticas que ocurren en España, cuyo presidente cada día se parece más al nuestro, lo que me hace pensar que hasta en los países del primer mundo la política sigue siendo irracional como en cualquier parte del mundo.

También se agradece ir a una panadería, pedir un cortado, o sea un marroncito y un bocadillo (sándwich) de tortilla de patatas (papas) para desayunar, saben a gloria, sentarme despreocupadamente en la terracita del local a disfrutarlo leyendo el periódico y dedicándome sin compasión a caerle a sonrisas a todo el que pase, así, sin ton ni son, eso es vida de verdad.

Estuvimos también en Madrid, ciudad de disfrute y sobre todo de reencuentros con la familia en Soto del Real, donde nos tocó a todos enfrentar por primera vez, la dura ausencia de la tía Ángeles, que nos dejó en diciembre del año pasado, y que con su sonrisa, fortaleza y buena actitud le robaba el corazón a los que la conocieron, tía eres definitivamente insustituible. También pasamos unos días de mucha cercanía familiar y alegría de compartir con nuestros primos y hasta con Bel, el estupendo perro boxer de ellos, y que Dani se adjudicó desde hace mucho tiempo, él dice que Bel es su perro en Madrid.

En Madrid también nos encontramos con el gran Patton mi ahijado y amigo cercano de 2.05 metros de estatura, que se aprecia mucho mas grande por su gran corazón y su gran calidad humana. También compartimos con Berenice y Doramas, mis amigos artistas, ella soprano excepcional que canta como un ángel y él increíble baterista que siente y sacrifica mucho de si por la música, ambos integrantes del grupo Tears of Martyr, que les recomiendo abiertamente, todos ellos amigos de excepción, de esos que valen un sol, con ellos disfrutamos de extensos paseos por esta ciudad tan especial e inspiradora, claro, no nos pudimos negar a los placeres de los bocadillos de calamares fritos del Brillante, donde recordé con mucho cariño a mi gran amiga Jacqueline, así como los madrileñísimos churros con chocolate, que aunque no era lo mas apropiado para el verano lo disfrutamos muchísimo.

Al momento de volvernos a nuestra casita en Holanda, para evitarnos las odiosas colas que se forman en toda Francia, y que nos hacen perder entre tres y cuatro horas cada vez, decidimos emprender el camino de vuelta por carreteras nacionales, y nos llevamos una muy grata impresión, Francia es otra vista desde la dimensión provincial, tiene estupendos paisajes, mil castillos, bonitos pueblitos, increíbles y extensos viñedos, así como grandes plantaciones de girasoles, imagínense si es diferente que si le sonríes a la gente, algunos son capaces hasta de sonreírte a ti.

Mientras estaba en Gijón, también recibí la triste noticia de que mi abuelita Miguelina, la mamá de mi mamá, de 96 años había fallecido en Italia, mi nonna es una persona que bien merece un post.

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miércoles, agosto 01, 2007

Llegando


Playa de San Lorenzo Gijón

Hacer viajes largos en carro siempre me ha gustado, los relaciono con aventura y romanticismo, me hacen recordar de mis viajes de vacaciones cuando era niño, a la colonia que el Colegio Nuestra Señora de Pompei tenía en Morrocoy, y que nos tomaba un montón de horas de carretera, lo que tornaba el viajecito en una verdadera expedición. Aún recuerdo la vez que fui con el Sr. Montefusco, en su Buik de la época, una gran astronave de combate, eso si que fue una verdadera aventura.

En estas vacaciones, emprendimos nuestro viaje desde Holanda hasta Gijón en España, 1650 km de carretera. Emprendimos el viaje muy contentos y emocionados, cantando como Chevy Chase y su familia en sus películas Vacaciones. En fin todo iba muy bien, salimos de los límites de Holanda, cosa que se hace muy rápido, igual hicimos en Bélgica, la pasamos tan rápido, que si no fuera por las irregularidades del pavimento, no nos hubiéramos enterado y zuasss… En menos de lo que espabila un cura loco, nos encontrábamos ya en Francia, y que grande es Francia, y aunque es ya grande de por si, los franceses se empeñan en hacernos creer que es tan grande como Australia, por tantas colas que hay.

Seguimos rodando, y entre pitos y flautas llegamos al ring de París, bueno, al principio del ring, pues nos demoramos casi tres horas de cola infernal para salir de él, y que no me vengan ahora a decir que es por culpa de los turistas, pues los únicos carros foráneos que vi, además del nuestro eran dos suizos, que seguro estaban perdidos, porque no hacían mas que ver para todas partes, o sea que habían franceses por todas partes, es más, para ser mas correctos, parisinos lo que es mucho peor. Jacqueline perdona que me meta con tu gentilicio putativo. En fin, el viajecito fue toda una remembranza de las megacolas que me calé en mi último viaje a Caracas, pero multiplicadas por mil y con gente antipática por todos lados.

Paramos en Poitiers, que es la mitad del camino hasta Gijón, nuestro destino, lo hicimos en nuestro hotel de siempre, y como siempre, nadie habla ni inglés, ni español, ni cuti, sino solo y exclusivamente francés, así que usamos el idioma universal, que no es el del amor como mucho románticos creen, sino el de las señas. Así logramos recibir nuestra habitación, nos acicalamos y llevamos a los niños a comer a Mc.Donals, y digo llevamos, porque ya nosotros, los adultos de esta familia, nos dejamos de eso desde hace tiempo. ¿Y saben que? Tampoco aquí habla nadie otra lengua que no sea el Francés, pero aquí Andrés se defendió con lo que ha aprendido en el colegio y salió airoso, con lo que había pedido, sin errores.

Al día siguiente, sábado 28 de julio fue mi cumpleaños, nos levantamos, recibí mis regalos, desayunamos desayuno de hotel, cosa terrible por demás y emprendimos la segunda mitad de nuestro viaje. Lo bueno de Francia es que siempre nos sorprende, pues algo siempre puede ocurrir, cualquier cosa. Y es que cuando íbamos de lo mas emocionados, porque no habíamos encontrado ningún retraso y eso que habíamos rodado como una hora y media sin atascos, zuasss… tuve que frenar tan repentinamente que casi me trago el volante, ¿y saben que? Delante de mi, los carros estaban parados, si señor, así que nos llenamos de paciencia y nos calamos las otras colas intermitentes que nos acompañaron casi hasta la frontera con España.

En España las cosas siempre mejoran mucho, primero nos entendemos con la gente y segundo, los venezolanos nos parecemos a los españoles, por eso nos sentimos como en casa, lo primero que hicimos fue echar gasolina y comernos unos estupendos bocadillos para recuperar energías y continuar el camino. Llegamos, organizamos el equipaje, nos pusimos en condición, y nos fuimos a celebrar mi cumpleaños comiendo pulpo y calamares hasta hartarnos y tomando vino alvariño, como corresponde.

Lo demás se los cuento después de que ocurra, que si no me va a costar un poco mas.

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