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martes, marzo 20, 2007

Flying away

miércoles, marzo 14, 2007

Capuccino y torta de zanahoria.


Holanda nos ha enseñado a apreciar mucho los días de sol, por eso, cada vez que esto ocurre, lo celebramos como una gran fiesta ancestral de agradecimiento a los dioses por el milagrillo climático, pues en Holanda si no está lloviendo, es porque acaba de escampar.

Así que este sábado, disfrutamos de un día esplendoroso, con mucho sol, aunque hacía frío.

Salimos al centro y como en un rito primitivo, nos llenamos de luz, de vitalidad y de alegría de vivir, estos son los riesgos que se corren cuando se disfruta sin complejos las cosas sencillas de la vida, y es que por cualquier tontería anda uno por allí gozando un imperio, sin ton ni son.

Caminamos mucho por las estupendas y antiguas calles del centro, comprando algunas cositas para mi inminente viaje a Caracas, en una semana. Viendo tiendas, casas, rincones y canales, en un periplo que concluyó en el mercado de la plaza “De Hof”, el gran mercado del pueblo, donde hay de todo, incluyendo varios “viskraam”, que no son mas que puestecitos de venta de pescado frito, que aquí, proliferan por todas partes, comimos “kibbeling” trozos de pescado empanizado riquísimo, lo hicimos opíparamente, sentaditos en la fuentecita de la plaza, como lo haría cualquier lugareño. ¡Y es que al final ya lo somos!

Continuamos la caminata, para que bajara el pescado, deleitándonos como simples turistas, sorprendiéndonos con todo lo que veíamos, que aunque ya conocíamos, no dejan de gustarnos y de llamarnos la atención, pues con tanta luz podíamos ver detalles que no habíamos descubierto antes.

El frío apretó un poco y recordamos el nuevo café de nuestra amiga holandesa, pensamos: Un rico capuccino y una worteltaart, o sea una torta de zanahoria, y calorcito, apenas nos acercamos, nos atendieron como si fuéramos los burgomaestres de la ciudad, al vernos, ágilmente el anfitrión se desplazo hasta la puerta, la abrió y con una amplísima sonrisa nos convidó a entrar, apenas nos sentamos en la mesa, la dueña, quien es una chica muy simpática, se sentó con nosotros por un rato, para echarnos los cuentos de los días posteriores a la reciente inauguración, que por lo visto le va muy bien, cosa que nos alegra un montón. Siempre es así cuando las cosas se hacen bien y con cariño.

Evidentemente nos sentimos muy bien atendidos. Y eso que teníamos en mente fue lo que pedimos, capuccinos y torta de zanahoria, sin lugar a dudas la más rica que he comido en mi vida.