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miércoles, abril 25, 2007

Mi novia en pantaletas

Cuando disfrutaba yo de mis dieciséis años, hace ya mucho tiempo, tenía una noviecita, nos queríamos mucho. ¿Saben? Era de ese amor primerizo, primitivo y amateur, del que te hace sentir permanentemente las famosas mariposas esas en el estómago, era de los amores que no te dejan pensar en otra cosa. La verdad sea dicha, era una relación muy bonita, sólida e intensa, tomando en cuenta lo jóvenes que éramos.

Sucedía, que aunque siempre queríamos estar juntos, sólo nos podíamos ver en su casa, bajo la supervisión, no tan estricta de sus hermanos mayores. Esto a mi me aburría mucho, yo quería hacer cosas diferentes, cada día le exigía más; vamos a vernos en otro sitio, le sugería cada vez que podía, pero parecía imposible. Jubílate un día de clases, como hacen las muchachas normales, cuando quieren verse con sus novios, increpaba yo; eso no es tan terrible como parece. Imagínate que nos jubilemos y tengamos todo un día para estar solos. ¿No te gustaría hacerlo, aunque fuera una sola vez? Siempre le proponía lo mismo, pero no sucedía nada, y así día tras día teníamos nuestra reunión romántica en el patio de atrás de su casa. Su indiferencia a mi solicitud de alternar nuestro sitio de reunión, hizo que decidiera no volver a pedírselo para no ponerme pesado.

Pero como la mayoría de las cosas son así de raras y suceden cuando menos te lo esperas, después de varios días, una tarde, sin aviso previo me llamó por teléfono y me dijo: ”Mi amor, mañana vamos a tener un día para nosotros solitos, así que espérame como a las ocho y media en la esquina del colegio, por allí donde termina la cerca” ¿Te parece? Claro, respondí ¡Que nota! ¡Por fin! Nunca te olvidarás de este día, vaticiné.

No podía creerlo, esto de pasar un día completo con mi flamante novia, estaba a punto de convertirse en realidad, justo mañana, nos jubilaremos y pasaremos todo el día juntitos, como tanto yo lo había deseado, sin espías ni lámparas, ni campanarios vigilándonos, esto era simplemente lo máximo.

Luego, al pasar la euforia del momento dije: ¡Bicho! Yo aquí celebrando y ni siquiera tengo un plan preparado de a donde la voy a llevar. Así que pensé por un rato, y se me ocurrió lo siguiente: Desayunaremos en la Fuente de soda del Cada de Los Chaguaramos, allí los desayunos son buenísimos, con huevos fritos y demás, luego caminaríamos agarrados de manos hasta la UCV, allí hay sitios muy agradables y privados para pasar un buen rato, como se lo merecen todos los novios del mundo. ¡Ah! Mañana es jueves, tal vez tengamos también la suerte de entrar al ensayo de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Aula Magna, que seguro será un verdadero deleite, luego y como parte de un rito urbano ancestral, brindaríamos nuestro amor con sendas chichas, de las que venden desde hace mil años debajo del reloj de la Plaza del Rectorado, y si el hambre llegara a atacar, podríamos hasta almorzar una suculenta y opípara comida balanceada en el comedor de la universidad, por la módica suma de dos bolívares cada uno. ¡Woao! Que mundo de posibilidades se abrió en un instante. Yo estaba inmensamente feliz, imaginándome lo bien que lo pasaríamos.

Recuerdo que esa noche casi no dormí, no paraba de pensar en lo que podría suceder al día siguiente, claro, por momentos me invadían también pensamientos que me parecían retorcidos, rebuscados y muy calientes, claro, cosa que era perfectamente normal, con esa edad y la enorme cantidad de hormonas haciendo de las suyas, no podía suceder otra cosa.

Finalmente amaneció, me bañe, creo que más de una vez, poniendo especial atención en mis mas recónditos rincones, no se, por si acaso, uno nunca sabe, pensaba yo, como si fuera todo un novio con amplia experiencia.

Nada podía quedar mal, todo lo había preparado la noche anterior, uniforme impecable, pues supuestamente yo iba a clases, zapatos limpios y brillantes, uñas cortaditas, imagínense que hasta interior nuevo me puse, de los ovejita, blancos normales, los cómodos, de los mismos que fueron a la Antártida con la Marina Norteamericana.

No podía despertar ninguna sospecha, ya mi hermano se había ido a su trabajo, lo que me permitió bañarme literalmente en su colonia cara Capucci, definitivamente olía a éxito; recuerdo que hasta me peiné, andaba pepito, pepito, pero tan pepito que hasta mamá se dio cuenta de que había algo raro conmigo, yo creo que no le hizo mucho caso a sus suspicacias, se hizo la vista gorda voluntariamente y sólo me dijo: ¡Niño, que bien hueles! Solo me giré sobre mis talones, le di mi mejor sonrisa, ella hizo lo mismo con mucha complicidad, le di un gran beso y fui al encuentro del amor.

Bueno, ya afuera, en la calle, me dirigí con paso seguro y liviano como un pajarito a la parada del autobús, que me llevaría hasta las inmediaciones del colegio de mi amada muchacha. Iba en el autobús pensando con inmensa alegría y una gran sonrisa de tonto, que cuando las cosas eran buenas, todo se pone del lado de uno, para que sucedan. Y así como una lombriz, feliz, feliz, me desplazaba todo lo rápido que el antiguo autobús me permitía.

Tal como acordamos y como todo un gentleman inglés, me encontraba en el sitio a la hora indicada, bueno la verdad es que llegué como veinte minutos antes, pero es que la expectativa era demasiada, como para tomármelo de manera relajada.

Me detuve en la esquina donde nos íbamos a encontrar, estaba muy nervioso, lo normal, lo que correspondía a la importancia del evento que estaba casi por ocurrir, que le puedo hacer, yo era así, y aún soy igual.

Ya habían pasado unos minutos, después de la hora acordada, pero a mi parecían como tres horas, y nada que aparecía la niña, no sabía por donde llegaría, yo miraba al norte, luego al este, y así continuaba, en un movimiento frenético de cabeza, que me hacía pasar por todos los puntos cardinales y sus intermedios, tratando de ver por donde aparecería; la verdad es que me estaba empezando a desesperar.

Al rato apareció, pero del lado equivocado, pensé yo, pues se estaba acercando al punto de encuentro, pero por el lado de adentro del colegio, yo no entendía nada. Claro, seguro que viene a decirme, que no puede, que no se atreve a cometer esta locura y que otro día será.

Corriendito se iba acercando, al estar lo suficientemente cerca como para saludarme, me soltó un hola, lo hizo con una gran sonrisa, y me dijo: "agárrame eso allí" y lanzó con toda su fuerza el mazo de libros por encima de la cerca que nos separaba, me apliqué por completo en la tarea de atajarlos, para no quedar mal apenas empezando nuestra aventura, así lo hice, y como el mejor catcher de grandes ligas, atajé los libros en el aire. Al voltearme, la vi casi en cámara lenta, en un alarde de agilidad extrema, totalmente desconocido por mi, brincar sobre la cerca, salvándola en dos saltos con una facilidad impresionante, quedé con la boca abierta.

...Pero... Un pequeño error de cálculo, produjo un accidente, que hizo que una parte muy importante de su uniforme quedara engarzado en lo alto de la cerca, ocasionando que su aterrizaje, se tornara repentinamente en algo muy interesante para mi, pues de la nada me la encuentro abajo simplemente “en pantaletas”.

Imagínense la situación, cuando el plan era salir disparados de allí, quedamos los dos como pajaritos en grama, viendo para todos lados buscando que la providencia nos sugiriera que hacer.

Tuve dudas, no sabía que era mejor hacer, si taparla para que no la vieran, ir a buscar su falda en lo alto de la cerca, o quedarme yo mismo viendo. Que confusión por Dios, la sensatez hizo que me subiera velozmente a recuperar lo que había quedado de su prenda, se la medio acomodé por encima, claro, deleitándome mientras lo hacía.

Y así retomamos nuestro paseo. ¿Y a donde? ¡Pues a donde más! Sino a mi casa, a buscar a la alcahueta de mi mamá, quien terminó cosiendo el uniforme de mil amores y con una gran sonrisa tatuada en su rostro.

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miércoles, abril 18, 2007

Hasta pronto


En mi breve estadía de veintiún días en Caracas, protagonicé muchas historias que hablan en primera persona de reencuentros, ¡que bella palabra! Que se inserta con naturalidad y fluidez en relatos bonitos e inspiradores.

Reencuentros con amigos entrañables, que con solo vernos directo a los ojos, surgieron espontáneamente lágrimas de alegría intensa y sincera, combinándose con sonrisas nerviosas y abrazos tan fuertes, que inevitablemente permanecerán por siempre en el recuerdo.

Reencuentros en los que la razón y el estímulo de la distancia y la separación, provocaron el olvido de las diferencias políticas que motivaron absurdos distanciamientos, terminando en efusivos abrazos y promesas de próximos encuentros, donde quiera que estos sean, como debe ser, pues la amistad no conoce límites.

Reencuentros con familiares, de los que me siento muy orgulloso, por lo valiosos que son todos. Mis sobrinos, los dos grandes ya graduados de la universidad, Mauricio y Giancarlo, exitosísimos ambos, con un futuro brillante, los dos se desenvuelven por el mundo entero con una facilidad pasmosa, ahora mismo están en Canadá. Los dos medianos Gianni en bachillerato, muy buen estudiante, serio, responsable pero divertido. El inefable Angelo, inteligente, atlético, simpático y preguntón como todos, pues necesita aprender y lo hace entre otras cosas, nutriéndose de lo que la gente le responde. Y Santiaguito el pequeño, el pilas, incansable y divertidísimo. De ojos vivaces y permanente sonrisa. Eso si, no para, pero y para que va a parar, si así es que es bueno. Mi hermano Mario muy cercano, con quien compartí muchos almuerzos caseros irrepetibles y ratos inolvidables, quien me apoyó sin condiciones. Mi primo, el tocayo Miguel Sanseviero, quien fue una muy valiosa compañía. Y paremos de contar, poco tiempo y muchas vivencias.

También tuve un importante reencuentro con la ciudad en la que nací y en la que viví toda mi vida, visité como cualquier turista, el Centro, vi con alegría la Plaza Bolívar de siempre, bonita y cuidada, el Capitolio, La Catedral de Caracas, la Plaza El Venezolano en la esquina de San Jacinto, estupenda, restaurada, con su reloj de sol, exacto como siempre. No me cansé de ver El Ávila en todo momento; cuando las cosas estaban tranquilas y había un huequito por donde verlo, seguro que allí estaba yo admirándolo y atesorándolo dentro de mí, para llevármelo aunque sea en el recuerdo, claro y también en las innumerables fotos que le tomé. Estuve mucho en La Candelaria, que no está muy bonita, aunque si mucho mejor de cómo la dejé hace dos años y medio, con su atmósfera particularmente agradable y sus buenos restaurantes de siempre. Dígame la UCV, me regodeé caminando por sus pasillos techados, la plaza del rectorado, la tierra de nadie, como en mis buenos tiempos, la disfruté casi toda, la Facultad de Ciencias, mi casa, la de Farmacia, la de Ingeniería, tomé también muchas fotos, me la quería llevar toda, aunque fuera en imágenes.

Me consintieron hasta mas no poder. Estuve en el Litoral comiendo pescado frito divino, me llevaron a El Ávila a comer en Casa Pakea, comida vasca, ciertamente estupenda, este paseo además me permitió ver a Caracas desde allá arriba. Me llevaron al Avila Tei, increíble calidad, esto si que es lo máximo, como también lo es El Alazán. Estuvimos en la Caracas de Antaño, creo que se llama así, queda en Las Mercedes y me comí una cachapa que aún recuerdo. Me invitaron al restaurante italiano Il Successo, en El Hatillo. En resumen, me llevaron a un montón de partes, cosa que me llena de orgullo, pues me hace sentir que mi gente me quiere un montón.

La visita que le hice a mi padrino Giuseppe Onorato, me permitió corroborar mi profunda admiración por él y su bella familia, cultos, todos suavecitos, de trato amable, de mucho valor humano. Me invitaron a compartir con todos ellos el almuerzo del día de pascua, al mejor estilo italiano, como lo hacíamos en mi casa con mis padres y hermanos. Esto para mi tiene un valor inestimable y lo agradezco mucho, pues me recordó a los propios y me sublimó a niveles de éxtasis por lo exquisito de la comida y el rato compartido. Padrino, espero que se pueda repetir muy pronto.

Estuve en varios encuentros blogueros donde me conseguí con gente muy valiosa, simpática, culta y muy agradable. Comí torta de zanahoria con mi amigo Oswaldo Aiffil del blog Así pienso tu que dices, y con mucha alegría vi como se sumaron espontáneamente a esta reunión Maléfica. Igualmente lo hizo mi amiga Cereza de Impulsos y Sentidos y luego Topocho de topochoblog, compartimos una velada muy saludable en el medio de la ley seca.

Así mismo estuvimos en otra reunión con la estupenda Curiosa, de Curioseando, inteligente y emprendedora. Luego se sumaron Lita y María Solita de Chorro de Escape, de las que quedé locamente enamorado, así mismo se acercaron al café Habana del Centro San Ignacio, Depeco y otra amiga bloguera que no recuerdo quien es. También Novato y Modulor. Esta fue una reunión muy amena donde compartimos cafés, chocolates y alfajores. Después yo tenía un compromiso en One, un piso mas abajo, pues había sido invitado a una rueda de prensa de Fun Race 4X4, y allí me encontré casualmente con Elisart y Hugo de Que te puedo decir Y cuando ya todo estaba casi terminando reconocí a Fran de Fran en gotas con quien compartí unos güisquis. Increíble, pero estos tres últimos encuentros fueron gracias a la suerte y el azar, y es que cuando las cosas se van a dar, simplemente se dan. También conocí a la muy agradable amiga Yolanda, del blog Yolanda Fernández dice, con quien compartí en su hogar un exquisito jugo de piña y un rato ameno y relajante.

Y en este devenir de reuniones blogueras, imagínense que hasta me di el lujo de ir a la fiesta de cumpleaños de mi adorada vecinita de aquí en HolandaWaiting for Godot, con piñata de adultos incluida, tortita rica y gente bella y estupenda compartiendo en familia.

¿Que mas puedo pedir?, ¿Acaso es posible haber disfrutado mas este viaje?

martes, abril 03, 2007

En casa

Cuando redescubres que Caracas es la ciudad mas maravillosa de todo el mundo

Cuando confundes familia y amigos en un solo y puro sentimiento

Cuando ves de nuevo amigos entrañables que siempre recuerdas, con sus amplias sonrisas y su alegría contagiosa por la vida.

Cuando la suerte te permite un reencuentro con un amigo
insustituible de toda la vida, quien estuvo perdido por mas de seis años, y por pura y absoluta casualidad descubre tu correo electrónico y te pregunta simplemente ¿Confírmame si este es tu email?

Cuando la felicidad aflora al poder hacerte autoretratos con algunos de tus mejores amigos

Cuando te encuentras con personajes y colores irrepetibles

Cuando te puedes comer cosas así de ricas

Cuando ves que Caracas sigue siendo la misma ciudad maravillosa con el mejor clima del mundo

Cuando puedes compartir con infinita alegría con los amigos de siempre, sin que el sentimiento haya variado ni siquiera un ápice

Cuando tus sobrinos posan así para ti

Cuando vuelves al sitio donde trabajabas y descubres que aún se acuerdan con mucho cariño de tí

Entonces simplemente sabes...

...Que estás en casa

Gracias a todos por recibirme así